ejspin

Education in Latin America


2 Comments

Carta Abierta a Mis Queridos Exalumnos de la Escuela Americana de Pachuca

Estimados Pupilos: Me sorprende la brecha entre recuerdos de ustedes como mis alumnos de sexto de primaria desde hace algunos años y nuestros encuentros casuales en la calle o en las fotos que veo en Facebook de ustedes, sus esposos e hijos, sus viajes y reuniones profesionales. Ya pasaron más de tres décadas y aún veo en sus caras la chispa que encendía sus ojos como niños, la que no ha sido disminuida por la madurez que han alcanzado en la vida. Ahora son adultos protagonistas y productivos, líderes en su comunidad. Mucho me halagan sus palabras cuando se acuerden de su año conmigo en sexto grado. Destacan cualidades humanas: que tuve un impacto positivo en sus vidas, que siempre los trate con respeto, irrespeto de sus travesuras y faltas académicas.

Lo que no me sorprende es que nadie me dice que encendí el fuego del deseo de aprendizaje en sus entrañas. Reconozco que no fui maestro inspirador. Reflexionando sobre mis inicios como maestro, puedo relatar que a los 22 años regresé a Estados Unidos de mis andanzas en Latinoamerica con un español fluido, una esposa mexicana, una bebé recién nacida y el “título temible” de antropólogo. Sin embargo me urgía una profesión donde podía encontrar trabajo remunerado. Debido a la diversidad multicultural que encontré al regresar a Estados Unidos, creció en mí la inquietud apasionada de ser maestro bilingüe.

Hoy día leo que en México ya los aspirantes a plazas docentes deben presentar un examen de oposición que evalúa sus conocimientos de pedagogía y contenidos, así como convenciones de ortografía y gramática del español. Yo tomé un examen similar cuando recién llegué a Nueva Jersey hace tantos años, y como solía hacer con cualquier examen que me pusieran, pasé. Como consecuencia, me ofrecieron plaza de maestro a pesar de mi falta de estudios de pedagogía. Lo consideré detenidamente, pero opté por una plaza en un programa de Maestría en Pedagogía para docentes bilingües en Rutgers University que me pagaba los estudios y me daba trabajo como asistente de maestro en lo que terminaba los cuatro semestres, con la promesa de trabajo como maestro titular después.

Aun me parece sabia la decisión tomada hace tantos años, ya que pasar un examen escrito no asegura un desempeño adecuado como docente. Asimismo creo que el Concurso de Oposición para Plazas Educativas en Educación Básica que actualmente determinará el otorgamiento de plazas de docentes en México es un buen primer paso para terminar con los viejos malos hábitos de heredar plazas de maestros o designarlas mediante el tráfico de influencias. El viaje hacia la educación de calidad empieza con un buen primer paso, pero allí no termina.

Ya con Maestría en Pedagogía y algo de experiencia en el aula, me sentí mucho más confiado al desempeñarme de maestro frente a un grupo de estudiantes. El aprendizaje práctico de mis primeros años como maestro en Newark, New Jersey, con alumnos de familias de bajos recursos económicos, retados por situaciones precarias en sus vidas, fue difícil pero sobreviví y me fortalecí como docente. Pero los maestros de aquel entonces recibíamos poca retroalimentación ni capacitación relacionadas a nuestros esfuerzos con alumnos. Entendíamos que teníamos que “cubrir el texto” y dábamos exámenes a final de cada unidad. Mayormente trabajábamos de manera aislada, cada quien en su propia aula, con su mejor entender de como cumplir con su deber. Así seguí al llegar a vivir y trabajar en Pachuca seis años después.

Posteriormente cuando empecé como director de colegios, encargado de la supervisión de maestros, se me abrieron los ojos al poder observar a verdaderos “maestros de maestros”. Pude ver la variedad de estrategias cooperativas que usaban para estimular el trabajo en equipo y la solidaridad entre alumnos, la multiplicidad de evaluaciones sumativas que asignaban más allá de los exámenes (presentaciones orales y multimedios, redacciones, proyectos grupales, etc.). Observaba como usaban el texto como recurso junto a muchos otros recursos impresos y digitales para iluminar el entendimiento de los conceptos más importantes del programa curricular. Pude observar como medían el progreso y aprendizaje de los alumnos diariamente a través de diferentes estrategias de evaluación formativa que también servían para ajustar a sus planes de enseñanza a las necesidades de sus alumnos. Veía como docentes ayudaban a los alumnos a practicar sus presentaciones y tareas en clase dándoles retroalimentación de calidad para que pudiesen salir airosos en su evaluación final de unidad.

Por mis experiencias como director observando a maestros excelentes, llegué a pensar que todos los maestros, especialmente los maestros novatos, deberían tener el mismo beneficio. Lejos de infringir sus derechos laborales, un buen sistema de evaluación profesional docente debe entenderse como un derecho laboral importante de todo maestro. Solo con la ayuda y guía profesional de maestros excelentes, los docentes jóvenes pueden desarrollarse y capacitarse de manera que garantice la calidad educativa en sus aulas.

A mis exalumnos de la Escuela Americana de Pachuca, expreso mi remordimiento que aunque pude establecer relaciones de afecto y respeto con ustedes, no era un buen maestro todavía. Espero que desde sus posibilidades de liderazgo en la comunidad, puedan apoyar a la necesidad de evaluación profesional docente y abogar por el derecho de todos los maestros mexicanos a la plena capacitación en su ejercicio profesional como parte de un sistema de calidad para su propia evaluación. Aseguremos un sistema de evaluación  justo y trasparente que fomente el aprendizaje colaborativo, basada en  la retroalimentación de pedagogos expertos y colegas. Si así lo hiciéramos, nuestros hijos y nietos se lo agradecerán. Si no, nos demandarán.

Les mando un abrazote junto con mi sincera admiración por sus éxitos acumulados,

Eric Spindler, Ed. D.

Advertisements