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Education in Latin America


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Practical Exercises in Technological Citizenship

8/9/2015

Educators and students can do practical exercises in technological citizenship (how technology conditions our participation in civic and social life) that don´t require a computer lab.

To understand technology it’s important to ask, “How does the technology connect and disconnect us?” For example, by doing away with much of the work involved in food preparation, the microwave oven allows us to connect meal times with our hectic schedules, free time and personal interests. But as it allows members of the family to eat whenever they want, it tends to disconnect us from the traditional family dinner, where different generations gather to share the table and enjoy the food, conversation and commentary on the latest news. Research has shown a clear relationship between eating together as a family and academic performance of children in school. What do we gain, and what do we lose with each new technology? (Jason Ohler, Digital Community, Digital Citizen, 2010)

The connections that technologies provide us are immediately visible and appreciable, but the disconnections they provoke are often not understood except with the passage of time, unless we develop the capacity to predict the future impacts of new technologies.

How does the technology connect us and disconnect us? With this essential question, teachers and parents can involve learners in the analysis of “the personal, social, and environmental impacts of every technology and media application they use” without the need to have an elaborate digital platform available in the classroom.

Instead of adding analysis of technology to the curriculum (“What? Another curricular objective? As if we had time to cover it all as is!”), Jason Ohler recommends that it work as a “cross-curricular thematic perspective that doesn’t always require a separate, focused assignment”, particularly when considering topics related to new technologies throughout history. He suggests that the educator get students to be a part of the (imaginary) STA, or Science and Technology Administration, in charge of determining potential impacts of new technologies before approving sale to the public. The STA would be similar to the FDA, Food and Drug Administration, which approves new foods and drugs for public consumption. These are not attempts at censorship of new gadgets, but exercises with students intended to better see our technology, as fish might see the water around them.

Gutenberg and the printing press? We know that it connected men and women directly to the world beyond the village of their birth, to the accumulated store of human knowledge, to scientific innovations, to literature, and to the Word of God through the Holy Scriptures. We seldom consider that the printing press disconnected our ancestors from the age-old tradition of storytellers and chroniclers that kept the histories and mythology of local families alive in their memories going back tens of generations. People were disconnected from using their memories and dramatic voices to tell stories, and from having to get together in groups to enjoy them. Reading is more of a solitary than a community activity. As more people could own and read the Bible, little by little the printing press disconnected the community from depending exclusively on the parish priest to tell and interpret Bible stories.

Electric lighting? It’s easy to see the connections and benefits. But what about the disruption of humanity’s traditional sleeping patterns and erstwhile deep connection with the stars, moon and planets of the night sky?

Along with the connections and disconnections (impacts) of new technologies, the STA (the students) might analyze the following questions:

  • Physical characteristics—how is the technology made, what is it made of, how is it used?
  • Enhancements/reductions—how does it amplify and diminish us?
  • Predecessors/next steps—what did it replace, and what does it imply?
  • Social contexts—what are the social expectations that produced our desire to have it?
  • Biases—who does it favor, and who gets left out?
  • Benefits—what are the qualities of this technology that drive its creation and adoption?

(Ohler, 2010, p.228)

 

Analyzing our technology raises consciousness. Like fish don’t see the water in which they swim, we often don’t see our technology or we forget that it exists until suddenly it breaks down. As McLuhan observed, a simple way to analyze the effects of a technology is to imagine ourselves without it. With these simple exercises in technological citizenship, educators can guide students in adopting technology with eyes wide open to its possible impacts. Learners can consciously observe, manipulate and use technology – not just live with the vague feeling that the technology observes, manipulates and uses them.

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Siete Valores que Potencian el Éxito en la Vida

8/2/2015

La falta de ética y honradez está a flor de nuestros medios de comunicación. Todos los días y a todo color, desayunamos con nuevas revelaciones de fraudes, estafas, mordidas y robos de cuello blanco. Como respuesta, las escuelas empiezan a enfatizar la formación ética-ciudadana con renovado vigor como medida de contención contra la implacable invasión de las arenas del desierto de honradez.

 

La formación de buenos ciudadanos en las escuelas está relacionado con lo que llaman “educación para el carácter”. Hay muchos sistemas conceptuales y programas de aprendizaje para guiarnos en la formación de buenos valores en la juventud. Seligman y Peterson (2004) consultaron múltiples fuentes sobre las virtudes sociales de varias tradiciones: Aristoteles, Torah, Upanishads, El Manual de los Scouts, hasta perfiles de los Pokemon. Decidieron por una lista de 24 valores morales universales, incluyendo valentía, ciudadanía, respeto, justicia, sabiduría, integridad, amor, sentido de humor, apreciación de la belleza y bondad.

 

Recientemente Peterson identificó siete valores que tienen comprobada relación con el éxito en la vida adulta, y en colaboración con las Escuelas KIPP, Angela Duckworth creyó un instrumento para medirlos en los educandos. Si importantes virtudes como bondad, integridad y respeto son de carácter moral y se encuentran en la gente buena, estos siete son de “carácter performance” – son potenciadores del éxito posterior en la vida. Incluyen el autocontrol, el entusiasmo, la gratitud, la inteligencia social, la curiosidad, el optimismo y la dedicación apasionada a una misión (lo que están llamando “grit” en inglés). (Tough, P., How Children Succeed, 2012)

 

Autocontrol: Un famoso experimento puso un malvavisco frente a la nariz de cada niño participante. Con solo tocar un timbre, tenían permiso de comerlo. O, podían esperar pacientemente hasta que regresara el investigador para ameritar dos malvaviscos. Hicieron seguimiento a los niños participantes diez años después y encontraron que los niños capaces de resistir por quince minutos la tentación de comer el malvavisco tuvieron puntajes SAT (examen estandarizado para ingreso universitario) un promedio de 210 puntos mayores que los niños que lo comieron después de treinta segundos. Adultos de bajos índices de autocontrol en la niñez eran tres veces más propensos a cometer crímenes y/o a tener múltiples adicciones, comparado con los adultos de altos niveles de autocontrol en la niñez.

 

Optimismo: Martin Seligman es uno de los fundadores de la psicología positiva. Plantea que el optimismo puede aprenderse, y los niños y adultos que pueden adoptar actitudes más positivas vivirán una vida más feliz, saludable y exitosa. Los pesimistas creen que el fracaso es debido a cualidades personales permanentes. Los optimistas buscan explicar el fracaso con causas específicas a la situación y por tanto son más propensos a levantarse e intentar de nuevo. La Terapia Cognitivo-Conductual es técnica de la psicología positiva, e incluso se les enseña a alumnos de la secundaria en las Escuelas KIPP como una técnica de autocontrol y de metacognición (pensamiento sobre el pensamiento).

 

Entusiasmo: La motivación de aprovechar y disfrutar de las oportunidades, de participar activamente en clase y en otros ámbitos.

 

Gratitud: Muy similar al optimismo. Saber agradecer lo que se tiene, lo que ha recibido del universo, merecida o inmerecidamente, es algo que ayuda a la persona mantener una actitud positiva y un aprecio saludable para los demás.

 

 

Inteligencia Social: El niño que se sabe identificar sus propias emociones, lidiar con ellas y encauzarlas, y también interpretar atinadamente las emociones de los demás es mucho más eficaz y productivo. Sabrá ponerse en el lugar de otra persona, de sentir lo siente. Hace falta la inteligencia social para poder trabajar en equipos multidisciplinarios y en grupos diversos y multiculturales, habilidades muy cotizadas en la economía global. También es esencial en el aula de clases para desarrollar una vida cívica y limar asperezas.

 

Curiosidad: La motivación de explorar cosas nuevas con entusiasmo. Es fundamental para la creatividad.

 

Grit: Definido como compromiso apasionado a una misión y dedicación a cumplirla, “grit” fue identificado por Angela Duckworth, autora de un inventario que llama “Escala de Grit”. De solo doce ítems, la escala destaca situaciones como, “nuevas ideas y proyectos a veces me distraen de ideas y proyectos previos”, “los fracasos no me desalientan”, “soy muy trabajador”, y “termino lo que inicio”. La escala de Duckworth resultó ser el mejor pronosticador de éxito en programas estresantes y difíciles como la iniciación de los cadetes en la escuela militar de West Point.

 

La misión formal o informal de las escuelas incluye preparar a los alumnos para una vida adulta exitosa. El descubrimiento de los valores performance ha permitido enfocar la mira en actitudes y destrezas de comprobada efectividad en esta tarea. Las escuelas de avance se concentran en inculcarlas con esfuerzo colectivo y sistemático.


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Seven Values that Lead to Success

8/2/2015

Every day we wake up to new revelations of fraud, graft, Ponzi schemes and white collar crimes in the news media. In response, schools are emphasizing ethical citizenship with renewed purpose as a measure to contain the daily encroachment of sands from the desert of integrity.

 

Citizenship education is related to character education. There are many conceptual systems for character education. Some include packaged programs with lesson plans and supplementary resources. Seligman and Peterson (2004) consulted multiple sources related to social virtues: Artistotle, the Torah, Upanishads, The Scouts Handbook, even Pokemon profiles. They decided on a final list of 24 universal moral values, including, bravery, citizenship, respect, justice, wisdom, integrity, love, sense of humor, appreciation of beauty and kindness.

 

Recently Peterson identified seven values that have a proven relationship with success in adult life. In collaboration with KIPP Schools, Angela Duckworth created an instrument to measure them in learners. If important values such as kindness, integrity and respect are moral values present in good people, these seven are known as “performance values”, and are found in successful people. They include self-control, enthusiasm, gratitude, social intelligence, curiosity, optimism and grit, or “passionate dedication to a mission”. (Tough, P., How Children Succeed, 2012)

 

Self-Control: In a famous experiment, a researcher put a marshmallow in front of each child in isolation and, after explaining the rules, walked out of the room. By first ringing a bell, kids were permitted to eat the marshmallow. Or, they could wait until the researcher came back into the room and receive two marshmallows. The study followed participants into adulthood, and found that children who were able to resist the temptation to eat the marshmallow for 15 minutes scored an average of 210 points higher on the SAT than children who ate the marshmallow within 30 seconds. Adults with low self-control scores as children were three times as likely to commit crimes and/or have multiple addictions as those with high levels of self-control.

 

Optimism: Martin Seligman is one of the founders of the school of Positive Psychology. A fundamental belief is that an optimistic outlook can be learned – that children and adults who can adopt more positive attitudes live a more happy, healthy and successful life. Pessimists believe that failure is due to permanent personal characteristics, whereas optimists look to explain the causes of failure in conditions specific to the situation. Therefore, they are more likely to get back up and try again. Cognitive-Behavioral Therapy is a technique of Positive Psychology, and it is even taught to middle school kids at the KIPP Schools as a self-control and metacognitive (thinking about thinking) technique. (Tough, 2012)

 

Zest: The motivation to enjoy and take full advantage of opportunities to participate actively in class and in other life situations.

 

Gratitude: Very similar to optimism, grateful people know how to be thankful for what they have received from life and the universe, rather than lament what they lack. This attitude helps people maintain a positive outlook and appreciation for others.

 

Social Intelligence: The child who can identify his or her own emotions, deal with and channel them, as well as interpret accurately the emotions of others is more effective and productive. He or she will know the true meaning of empathy, walking a mile in the other person’s shoes and being able to feel what they feel. Social intelligence promotes the effectiveness of multidisciplinary working groups and multicultural and diverse teams. These are highly valued in the global economy. In the classroom, social intelligence is essential in developing respectful civic life and helping reduce and resolve conflicts.

 

Curiosity: The motivation to explore new things with enthusiasm. Curiosity is fundamental to creativity.

 

Grit: Defined as a passionate commitment to a mission and dedication to its fulfillment, “grit” was identified by Angel Duckworth, author of an inventory she calls the “Grit Scale”. With only twelve items, the Grit Scale contains statements such as “new ideas and projects sometimes distract me from previous ones”, “setbacks don’t discourage me”, “I am a hard worker”, and “I finish whatever I begin”. Duckworth’s Grit Scale has proved to be the best predictor of success in stressful and difficult programs like the West Point cadet initiation.

 

The formal or informal mission of all schools includes preparing students for success in adult life. The discovery of performance values has enabled them to focus efforts on developing attitudes and skills proven effective in arming young adults for success. Cutting-edge schools make a collective, persistent and systematic effort to teach performance values.


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¿Dos Vidas o Solo Una?

7/27/2015

El concepto de la ciudadanía como la participación de todos en las decisiones cívicas, políticas y sociales es relativamente moderno. Para finales del siglo 18, la Constitución de Estados Unidos representaba el pensamiento más avanzado sobre el concepto de la ciudadanía. Sin embargo, limitaba el derecho a participar a los hombres blancos.

 

Hoy en día la participación plena más bien se limita por la carencia de hábitos de ciudadanía. El comportamiento virtuoso de los ciudadanos es importante fundamento para una sociedad democrática porque es imposible que las leyes por si solas puedan construir comunidades justas y eficaces en proveer el bienestar común. El comportamiento virtuoso se aprende, por tanto se debe enseñar en las escuelas así como en las familias. Hay quienes sostienen que la “educación” en el sentido de los buenos modales y las virtudes sociales se debe aprender en la familia, y reservar la escuela para enseñar matemáticas, lectura, ciencias y demás materias académicas. El problema con esta posición, por supuesto, es que muchos niños viven en familias que carecen de ejemplos del comportamiento virtuoso. ¿Dónde aprenderán si no en la escuela? Ellos también merecen la oportunidad de ejercer los derechos y responsabilidades de la ciudadanía, y la sociedad no puede darse el lujo de considerarlos como desechables.

 

Jason Ohler (Digital Community, Digital Citizen, 2010) destaca la importancia de la escuela en enseñar los hábitos de ciudadanía en la sociedad moderna: “Hay una pregunta fundamental que debemos contestar con respecto a cómo educar a nuestros niños en la era digital. La respuesta que encontremos determinará como planear e implementar la educación en su sentido más amplio en los años venideros. En su forma más sencilla, la pregunta es, ¿Debemos considerar que los alumnos tienen dos vidas o solo una? … Con más detalle: ¿debemos considerar que los alumnos tienen dos vidas separadas – una vida desenchufada dentro de la escuela y otra vida saturada con medios digitales fuera de la escuela – o debemos creer que tienen una sola vida que integra sus existencias como estudiantes y como ciudadanos digitales?”

 

“La perspectiva de dos vidas plantea que nuestros estudiantes deben vivir una vida tradicional estudiantil en su escuela, parecida a la que vivieron sus padres, y una segunda vida digital fuera de clases. Plantea que la tecnología que usan los muchachos es demasiado cara, problemática, o distrayente para poder integrarla en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Plantea que los impactos personales, sociales, y ambientales de un estilo de vida digital deben quedar fuera de los programas de estudio. Y más importante, plantea que los muchachos tendrán que navegar por su cuenta el mundo digital más allá de las puertas de su colegio y formar sus propios criterios respecto a preocupaciones actuales como la seguridad cibernética, la responsabilidad tecnológica, y la ciudadanía digital sin la ayuda del sistema educativo.” Según Ohler, si nuestra respuesta favorece la separación de las vidas estudiantiles y digitales, las consecuencias serán lamentables.

 

Hace apenas unos diez años, la cultura digital ha venido a añadir otro nivel a las virtudes tradicionales de ciudadanía como respeto, responsabilidad, valentía, bondad, empatía, solidaridad e integridad. Debido a su carácter virtual, global y multicultural, la participación en comunidades digitales tiene algunas diferencias con la participación comunitaria en la vida real, como son:

  • Comunidades personalizadas unidas por necesidades e intereses comunes de sus participantes
  • Dispersión geográfica de las comunidades virtuales y la pertenencia a varias diferentes comunidades a la vez
  • Relacionamiento directo entre personas de diferentes nacionalidades, sin sus líderes de por medio
  • Posibilidad de uso de identidades inventadas, y con ellas un sentimiento de invisibilidad y anonimato y posibles situaciones inseguras
  • Conexión tenue entre acción y consecuencias
  • Mayor necesidad de poder evaluar las fuentes de información según su veracidad y propiedad para la formación de los educandos
  • Mayor necesidad de identificar la audiencia y ajustar el alcance de la comunicación (intima, personal, social, o pública) y de cuidar la “huella digital” personal, ya que publicar fotos de una borrachera descabellada en medios sociales puede costarnos oportunidades profesionales después.
  • Múltiples destrezas comunicativas diferentes en medios digitales: ej. collage de medios visuales, verbales y auditivas en vez de ensayos tradicionales; presentaciones Powerpoint o Prezi en vez de exámenes.

 

Los chicos ya saben navegar con las tecnologías digitales en sus intereses y entretenimientos personales. Ohler plantea que “…la tarea de los maestros es ayudar a los estudiantes a conectar sus redes personales a realidades globales que tienen significado personal e importancia académica.” Para hacerlo, vale la pena involucrar a los educandos en fijar las pautas para su participación en comunidades virtuales dentro de la escuela, revisando cuidadosa y conscientemente estas y otras distinciones entre las comunidades de vida real y las comunidades digitales. Tenemos mucho esfuerzo y aprendizaje por delante si queremos que las escuelas recuperen su relevancia para el desarrollo de la ciudadanía en el mundo moderno.


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One Life or Two?

7/26/2015

The concept of citizenship as participation in a society’s civic, political and social decision making is relatively modern. At the end of the 18th century, the Constitution of the United States represented the most advanced thinking about the concept of citizenship, but the right of participation was limited to white males.

 

Today, participation is more commonly limited by lack of the habits of citizenship. Virtuous behavior by the citizenry is considered fundamental to a democracy because it is practically impossible for just societies that effectively provide for the common good to evolve through the rule of law alone. Virtuous behavior is learned, therefore it should be taught both in schools and in families. There are those who maintain that “education” in the sense of good manners and social graces should be taught in the family, and the schools should limit themselves to teaching math, reading, science and the other academic disciplines. The problem with this position, of course, is that many children live in families lacking in examples of virtuous behavior. So where can these kids learn it except at school? They deserve the chance to exercise their rights and responsibilities as citizens, and we don’t have the luxury of considering them disposable.

 

Jason Ohler (“Digital Community, Digital Citizen.” Corwin, 2010-8-31) highlights the importance of schools in teaching the habits of citizenship in modern society: “We have a fundamental question to address with regard to educating our Digital Age children. How we answer this question will determine how we plan for and implement education in the broadest sense for many years to come. In its simplest form, the question is, Should we consider students to have two lives or one? Allow me to restate this question with a bit more detail: Should we consider students to have two separate lives—a relatively digitally unplugged life at school and a digitally saturated life away from school—or should we consider them to have one life that integrates their lives as students and digital citizens?
“The “two lives” perspective contends that our students should live a traditional educational life at school, much like their parents did, and a second, digital life outside school. It says that the technology that kids use is too expensive, problematic, or distracting to integrate into teaching and learning. It says that issues concerning the personal, social, and environmental impacts of living a digital, technological lifestyle are tangential to a school curriculum. Above all, it says that kids will have to figure out how to navigate the digital world beyond school on their own and puzzle through issues of cybersafety, technological responsibility, and digital citizenship without the help of the educational system.” According to Ohler, if our answer favors the separation of student and digital lives, the consequences could be disastrous.

 

It has only been about ten years since a whole new level has been added to the traditional virtues of citizenship like respect, responsibility, courage, kindness, empathy, solidarity, and integrity. Due in part to their virtual, global and multicultural nature, participation in on-line communities is somewhat different from community participation in real life. For example:

  • Personalized communities based on participants’ common needs and interests
  • Geographical dispersion of virtual communities and belonging to many different communities at the same time
  • Direct relations between persons of different nationalities, without national leaders as intermediaries
  • Use of invented identities, engendering feelings of invisibility and anonymity, along with safety concerns
  • Tenuous connections between action and consequences
  • Greater need for learners to evaluate information sources for veracity, reliability and appropriateness
  • Greater need to identify the audience and adjust the scope of communications (intimate, personal, social or public) and take great care of personal “digital footprints”. Publishing photos of a drunken escapade on social media could cost us professional opportunities later on.
  • Multiple different communications formats in digital media, i.e. collage of visual, auditory and print media in addition to traditional essays. Powerpoint and Prezi presentations in addition to exams.

 

Students are adept at using technology to pursue their interests and entertainment preferences. Ohler thinks that “…the task of teachers is to help students connect their personal networks to global realities that have both personal significance and academic importance”. To do this, it is worthwhile to engage learners in setting the guidelines for in-school participation in virtual communities and expression of the virtuous habits of citizenship, carefully and conscientiously analyzing these and other differences between real life and virtual communities. There’s much work and learning ahead if we wish to make the role of schools relevant in developing citizenship for the modern world.


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The Fears of Digital Citizens

7/19/2015

The most interesting chronicler of citizenship in today’s digital culture is Jason B. Ohler. He dedicates a chapter in his recent book Digital Community, Digital Citizen (http://tinyurl.com/qjml3qc) to the fears that technology inspires in us on a daily basis. We are all a bit afraid of technology but we have no choice but to live with it and bear up under conflicting feelings.

According to Ohler, our technology inspires fear because of its “ubiquity, invasiveness, vulnerability, amplification, reduction, misreality, ephemeralness, permanence, indisconnectability, overwhelment, vulnerability, sovereignty, dehumanization, and obsolescence—complex-sounding words that represent some fairly rudimentary feelings.” We can’t disconnect from our technological ecosystem, and we are vulnerable because our information is collected and added to data bases we don’t control in the service of who-knows-what purposes. Once out there in cyberspace, it won’t disappear, nor can we get it back. “Like trying to put toothpaste back in the tube”. We have no choice but trust the companies in custody of our data. However, we really don’t know how trustworthy they are, or even if they have an ethos, like Google, of “do no evil.”

Technology at once amplifies and reduces our actions. With a click or push of a button, catastrophic consequences are unleashed. At the same time, our importance is diminished in a highly complex system we don’t control. We suspect that we have turned over our sovereignty to technology and that soon the day will come when machines take over completely.

Every day on social networks we see overwhelming amounts of information of doubtful veracity, which often we simply don’t have time to check. And if we want to become informed about current issues, there is too much information to sort through. Google “global warming” to see how many millions of hits come up. We can find information to support every viewpoint and to contradict everything our parents taught us. We live in a constant state of apprehension, wanting to trust our surroundings but constantly wondering if we should. Information and digital technologies that we see one day are gone the next, giving way to a new generation of apparata and data for sale.

For teachers, the greatest fear technology inspires is obsolescence. With the advance of technology they can foresee the day when their students and younger colleagues will leave them behind. Ohler counsels three deep breaths. “The reality is that the more technological we become, the more important teachers become. Machines don’t teach citizenship—humans do. Teachers mistakenly think they need to be advanced technicians to be effective in today’s classrooms. They don’t. What is important is that teachers become advanced managers of their students’ talents, time, inquiry, and productivity. Teachers need to be able to articulate standards of quality and provide feedback that students can use to meet those standards. They need to be the guide on the side rather than the technician magician.
“Now more than ever, students living in the overwhelming and often distracting world of technical possibility need the clear voice of a teacher who can help them develop the perspectives that will be important to them for a lifetime of citizenship—locally, globally, and digitally. Now more than ever, students need teachers who can help them sort through choices, apply technology wisely, and tell

their stories clearly and with humanity. My advice to teachers concerned with the possibility of obsolescence? Focus on citizenship first and technology second—and everything will fall into place.”

 

How can we teach local, global and digital citizenship? Ohler thinks we swim in our technology like fish in water. “The fish don’t see the water.” We have to learn to see our technological ecosystem clearly and know how to use it consciously and appropriately for our purposes and for the common good.

Excerpts From: Jason B. Ohler. “Digital Community, Digital Citizen.” Corwin, 2010-8-31. iBooks.

 


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Los Miedos de los Ciudadanos Digitales

7/19/2015

El cronista más interesante del momento en cuanto a la ciudadanía en nuestra cultura digital es Jason B. Ohler. Dedica un capítulo de su reciente libro Comunidad Digital, Ciudadano Digital (Digital Community, Digital Citizen, http://tinyurl.com/qjml3qc) a los miedos que diariamente nos inspira la tecnología. Todos le tenemos miedo a la tecnología, sin embargo, no hay otra opción más que convivir con ella soportando emociones encontradas.

Según Ohler, la tecnología inspira miedo porque es ubicua, invasiva, indesconectable, efímera, permanente, agobiante, amplificador, reductor y deforma la realidad. Nos causa vulnerabilidad, deshumanización, obsolescencia, y falta de soberanía en nuestras vidas. “Son palabras complejas que representan sentimientos rudimentarios”.

No podemos desconectarnos de nuestro ecosistema tecnológico, y somos vulnerables ya que nuestros datos son recolectados e integrados a bases de datos que no controlamos para servir no sabemos cuáles propósitos. Y una vez grabada en el ciberespacio, nuestra información no desaparece ni se puede rescatar. No tenemos otra opción que confiar en las compañías que custodian nuestros datos. Sin embargo, realmente no sabemos cuan confiables sean, o si por lo menos se comprometen, como Google, a “no hacer el mal”.

La tecnología tanto amplifica como reduce nuestras acciones. Con un clic o un oprimir de botón se puede desencadenar consecuencias desastrosas, a la vez que se reduce nuestra importancia en un sistema de alta complejidad que finalmente no controlamos. Sospechamos que ya hemos rendido nuestra soberanía a la tecnología, y que el día no tarda en que las maquinas tomen el control completo del sistema en que vivimos.

Diariamente vemos cantidades abrumadoras de información de dudosa veracidad en las redes, la cual a menudo no tenemos tiempo de verificar. Y si quisiéramos informarnos de problemas actuales de crítica importancia, hay tanta información que es difícil sortearla. Para muestra, solo hay que hacer búsqueda Google de “Calentamiento Global” para ver varios millones de referencias. Se encuentran informaciones apoyando a cualquier punto de vista, y para contradecir todo lo que nuestros padres nos enseñaron. Así que vivimos en un estado aprensivo constante, queriendo actuar sobre las informaciones confiables pero inseguros respecto a cómo discriminar. Información y plataformas digitales que vemos un día, al otro ya desaparecieron para dar paso a la nueva generación de aparatos y datos que quieren vendernos.

Para los maestros, el miedo más grande que inspira la tecnología es de quedar obsoletos. El avance de la tecnología, los alumnos, y los docentes más jóvenes nos pudieran dejar atrás. Ohler aconseja tranquilidad. “La realidad es que mientras más tecnológicos nos volvemos, mas importantes son los maestros. Las maquinas no enseñan la ciudadanía, lo hacen los humanos. Los profesores piensan que necesitan ser técnicos avanzados para ser eficaces en el aula hoy en día. No es cierto. Lo que es importante es que los maestros sean gerentes avanzados de los talentos, el tiempo, las investigaciones y la productividad de sus alumnos. Tienen que poder articular estándares de calidad y proveer retroalimentación que los estudiantes pueden usar para poder alcanzar a esos estándares…. Más que nunca necesitan la voz clara de un/a profesor/a que los puede ayudar a desarrollar las perspectivas que les serán importantes para una vida como ciudadanos locales, globales y digitales. Ahora más que nunca los jóvenes necesitan profesores que pueden ayudarles a sortear sus decisiones, aplicar la tecnología con sabiduría, y contar sus historias con humanidad y claridad. ¿Mis consejos a los maestros preocupados con la posibilidad de quedar obsoletos? Mantener el enfoque en la ciudadanía en primer lugar, y la tecnología después. Así todo quedará en su lugar correcto.”

¿Cómo enseñar la ciudadanía local, global y digital? A Ohler le parece que navegamos en la tecnología como los peces en el agua. “Los peces no ven el agua”. Hay que aprender a verla con claridad y saber usarla de manera consciente y apropiada para nuestros propósitos y el bien común.